Caminaba y la vi, su rostro algo oculto, sus ojos enrrojecidos, lloraba, había llorado y no encontraba consuelo... y el bus no acababa de llegar...
Pasabas en el auto, mientras hablabas por el celular, también te vi llorar...
Yo me vi en ellas y en ellos, los que alguna vez sin quererlo ante el peso o la fatiga en el anonimato sin límites lloramos.
A veces nos sorprende y nos aprieta el pecho, la mano fría y conocida de la tristeza. no importa donde estemos o que hayamos hecho, todos hemos sido tomados por esta hermana cercana y profunda.
vivimos atravesados por la misma llaga.

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